27 febrero 2013

tu cuerpo hacía de almohada aquella tarde, nuestra primera tarde. no les quedaban hojas a mis árboles, esos de los que tanto te hablé, esos que se veían por mi ventana. mi cabeza sobre tus piernas y tus piernas sobre un colchon en el suelo. fueron horas de tantos besos y de tanto enredarnos el pelo. mis labios exhaustos humedecian tus vaqueros. recuerdo el incendio al encontrarme con tus ojos. no lo dudaste y me vi encerrada entre la pared y tu boca, entra tu boca y tus brazos. era nuestra segunda vez. perdí el sentido de la gravedad hasta que me dejaste caer y quebrar las cuatro patas de la cama. en cada golpe sonaba un mía en tu cabeza, como si quisieras acercarte a algo que nunca podrías alcanzar, como si te estuvieras convenciendo de algo que te acojonaba por dentro. mía, mía, mía, mía, mía, mía, mía, mía, mía. dulce violencia. 

nunca me quisiste y supongo que por eso llegue a aprender a besarte como si cada día fuese el último, como si no fueses a volver.

un día de septiembre no volviste.



1 comentario :

  1. Septiembre siempre suele ser el final y el principio de algo.

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